miércoles, 20 de junio de 2012

Cruza el amor...

...yo cruzaré los dedos.



                                                          Cruza el amor, cruza el amor por el puente.
                                                                                        Usa el amor, usa el amor como un puente.

martes, 19 de junio de 2012

Todo sucede en un instante.


Sara hablaba, pero ya no podía oírse. Sabía que no había otra cosa en el mundo que quisiera más que volver a verlo, y lo recordaba, sentada en un sillón de aquel espacioso lugar, rodeada de gente y aún así más sola que nunca. Si alguna persona se hubiera acercado a ella en ese momento y hubiera escuchado sus palabras, probablemente le habrían parecido incoherencias. Sin embargo, para ella, esas palabras que salían de su boca sin querer, eran el reflejo de un alma abandonada, de un alma sola, de su alma.

Tres días antes, Sara y “adiós” (ella le puso así tras su partida, y según parece olvidó su nombre) pasaban la tarde junto al mar, riéndose de los turistas con exceso de bloqueador y de aquellas personas que consideran la playa una pasarela. No tenían prisa de nada, habían dejado de lado sus obligaciones y durante ese momento, que ahora parece tan lejano, fueron uno, ellos y el mar. Cuando fue de noche y la luna brillaba no muy fuerte, pero sí muy mágica, danzaron en la arena, como dos recién casados que se habían olvidado del mundo exterior y se enfocaron en el suyo.

Dos días antes, después de haber pasado más tiempo del necesario eligiendo la música que escucharían de vuelta a casa, fueron a almorzar, se llevaron a escondidas algunos panecillos envueltos en servilletas, y emprendieron el viaje. Como era costumbre en sus listas musicales, cada dos canciones sonaba una pieza instrumental, que los dejaba intercambiar pensamientos antes que ambos se sumieran en la letra de la siguiente canción. No conocían a nadie más que lo hiciera, ni mucho menos esperaban que fuera así. Dicen que para ser feliz hay que decidirse a serlo, y ellos habían tomado esa decisión con solo conocerse. Después de unas palabras que los dejaron a ambos con una sonrisa en la cara, empezaron a cantar la canción siguiente, tan alto como les fue posible.

Ayer Sara intentó llamarlo tantas veces, que borró un poco las teclas del teléfono. Se había acostumbrado a la voz femenina de la contestadora, y a veces, por reflejo, repetía lo que aquella decía. Sabía que él no iba a contestar, y sin embargo, llamarlo era lo único que se le ocurría hacer en ese momento. A las 4 de la mañana pensó que no deseaba ver cómo amanecía, no sin él al menos, y no tuvo más remedio que dormirse. Llorar hasta dormirse, si son necesarios los detalles.

Y ahí estaba hoy, sentada en aquel lugar, con un café en la mano que le habían recomendado tomarse, pero que ella había decidido tener de adorno. Todos los ahí presentes en algún momento la habían vuelto a ver disimuladamente, pero nadie se había atrevido a llegar a hablarle, ni ella quería que fuera así. Se sentía aturdida y por extraño que parezca, no podía dejar de hablar. No se escuchaba, quizá ni estaba muy segura de lo que decía, pero eso había estado haciendo desde que entró a aquel lugar y tuvo que buscar una manera de retrasar la realidad, que quería pegarle tan fuerte y tan rápido que no podría aguantarlo.

Y de pronto, sin aviso, se detuvo. No salieron más palabras de su boca, y por fin pudo levantarse de aquel sillón. Atravesó el grupo de gente, sin hacer caso a aquellos que le hablaban, y salió del edificio. Afuera no sintió tranquilidad, pero sí sintió compañía al ver al cielo. Inevitablemente, Sara lloró de nuevo, como lo había hecho la noche anterior. “Adiós”, dijo mirando al cielo, y esta vez, al pronunciar la palabra se oyó, y supo que él la había oído también.

jueves, 7 de junio de 2012

Consejo de vida # 5

Todo mundo puede amar a alguien, pero si a usted no le cae bien, simplemente es así. No se obligue a querer a esa persona sólo porque todos los demás lo quieren, y disfrute de ser tan, pero tan hipster (jaja).


Vasos vacíos con agua de la ciudad.

¡Que la nuestra es agua de río mezclada con maaaaar!

miércoles, 6 de junio de 2012

Confusión emocional.

Ver, escuchar, hablar, conocer.
Llegar a verse y saberse,
nada serio, nada cercano. 
Una simple  relación de conocidos: 
ambas partes se perciben, pero no les importa.

Conocido uno a conocida:
Soy más.
Conocido uno se regocija.
Conocida, a su vez, se aflige.
¿Por qué sufre, si su relación es de conocidos?
No de amigos, no cercanos, no nada.
Conocidos.

Y sin embargo piensa en eso
como un desafortunado hecho,
pues su deseo en la vida es ser feliz
no sólo para sí.